Contra todas las barbaridades

Es un ver­da­dera conmo­ción al ente­rarse de que el 7 de enero, un ataque mor­tal contra Char­lie Hebdo mató a doce per­so­nas. Esta bar­ba­rie fue cla­ra­mente per­pe­trado por los par­ti­da­rios de la extrema dere­cha islámica.

Lucha­mos contra toda la extrema dere­cha, reli­giosa como polí­tica, todas estas par­ti­dos de odio que se ali­men­tan entre sí y crean un clima detes­table del racismo, vio­len­cia, regre­sión, el miedo, en este per­iodo de cri­sis econó­mica y social del capi­ta­lismo mun­dial. Abo­ga­mos a la vez contra el odio ase­sino y en contra de la socie­dad que se crea por la pobreza y la dis­cri­mi­na­ción. Nues­tra lucha polí­tica se dirige contra todas las bar­ba­ri­dades, contra toda la into­le­ran­cia, contra todas las amal­ga­mas, contra todos los pliegues.

El obje­tivo de estos ase­si­na­tos polí­ti­cos es para crear una espi­ral de odio mutuo. Debe­mos der­ro­tar esta estra­te­gia de la ten­sión. Por nues­tra parte, segui­re­mos nues­tro obje­tivo de la auto-empoderamiento mun­dial por la unión de todos los explo­ta­dos del mundo, inde­pen­dien­te­mente de su origen.

¡El inter­na­cio­na­lismo, la demo­cra­cia de base, la ver­da­dera liber­tad, la igual­dad social, la soli­da­ri­dad sin fronteras!

Cabu

Los Fundamentos del Marxismo

El mar­xismo es un pen­sa­miento crí­tico, pero no un “sis­tema”: “Nunca he esta­ble­cido un sis­tema socia­lista”, escribía Karl Marx en sus notas crí­ti­cas sobre Adolphe Wag­ner (1880). El mar­xismo es un aná­li­sis de la evo­lu­ción del mundo tal como es, un método que debe vin­cu­lar ínti­ma­mente prác­tica y teoría.

He aquí los prin­ci­pales fun­da­men­tos del marxismo:

* La opo­si­ción a un sis­tema econó­mico desi­gual, basado en la alie­na­ción, la explo­ta­ción de la mayoría (a tra­vés del sis­tema del sala­riado), y diri­gido hacia la conse­cu­ción del bene­fi­cio para algu­nos, y no hacia la satis­fac­ción de las nece­si­dades de todos. Se trata del capi­ta­lismo, pero se pue­den obvia­mente ima­gi­nar otros sis­te­mas que pre­sen­tan simi­lares carac­terís­ti­cas esen­ciales, a los cuales los mar­xis­tas se opon­drían igual­mente.
Para la trans­for­ma­ción de la socie­dad, el mar­xismo consi­dera nece­sa­rio un pro­ceso revo­lu­cio­na­rio que per­mita lle­gar a una socie­dad basada en la coope­ra­ción y la gratuidad.

* “La eman­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­dores debe ser la obra de los pro­pios tra­ba­ja­dores”. Éste es un prin­ci­pio inhe­rente al ver­da­dero mar­xismo, que implica la demo­cra­cia y la autoe­man­ci­pa­ción; así como que la demo­cra­cia es ele­mento fun­da­dor indis­pen­sable para una nueva socie­dad (a la que se deno­mina socia­lismo o comu­nismo). Socie­dad que debe construirse libe­rada de las diver­sas for­mas de dominación.

* El inter­na­cio­na­lismo, que es, a la vez, la consta­ta­ción del interés común de los tra­ba­ja­dores del mundo entero y de la nece­si­dad de la lucha a escala mun­dial, y el obje­tivo de la super­a­ción de las naciones hacia una comu­ni­dad humana mundial.

* El cono­ci­miento y el aná­li­sis de la His­to­ria (concep­ción mate­ria­lista de la his­to­ria).

* La consta­ta­ción de la exis­ten­cia de clases sociales que divi­den a los hombres y a las mujeres en dis­tin­tos seg­men­tos de pobla­ción; la consta­ta­ción de las pro­fun­das desi­gual­dades e injus­ti­cias entre esas clases; y la consta­ta­ción de que mien­tras exista la divi­sión de la socie­dad en clases, habrá luchas entre esas clases (lucha de clases).
En conse­cuen­cia, mien­tras par­ti­ci­pan actual­mente en la lucha de clases de los tra­ba­ja­dores, los mar­xis­tas mili­tan por una reor­ga­ni­za­ción de la socie­dad des­ti­nada a aca­bar con esa divi­sión clasista.

* El libre ejer­ci­cio del espí­ritu crí­tico. “Duda de todo”, decía Marx, siendo el obje­tivo cono­cer la rea­li­dad tal como es, para com­pren­derla mejor y así transformarla.

Estos prin­ci­pios, o algu­nos de ellos, pue­den per­fec­ta­mente ser com­par­ti­dos por otras teorías polí­ti­cas y sociales: si es el caso, ¡obvia­mente tanto mejor! El mar­xismo no pre­tende ais­larse, todo lo contra­rio: el obje­tivo es contri­buir a la consti­tu­ción de un movi­miento del conjunto de la socie­dad para crear “una aso­cia­ción donde el libre desar­rollo de cada uno es la condi­ción del libre desar­rollo de todos” (Karl Marx, Mani­fiesto Comu­nista).

Las perspectivas de emancipación en el siglo XXI

Un aná­li­sis lúcido, libe­rado de las ilu­siones que a menudo se tie­nen, pone de mani­fiesto que vivi­mos en una socie­dad mun­dial injusta y vio­lenta. El orden econó­mico que reina por todas partes en el mundo se basa en el sis­tema del sala­riado, es decir, una orga­ni­za­ción desi­gual y peli­grosa (más de 2 mil­lones de muertes al año[i]) de un tra­bajo gene­ral­mente obligado.

El sala­riado es en efecto uno de los pilares del capi­ta­lismo, forma econó­mica cuyo reino es mun­dial, y que modela la socie­dad conforme a sus valores intrín­se­cos: com­pe­ten­cia, enfren­ta­miento, pre­ca­rie­dad, sala­riado, explo­ta­ción. La his­to­ria ha puesto de mani­fiesto que, a pesar de las dife­ren­cias reales, todas las for­mas de capi­ta­lismo son injus­tas, vio­len­tas, e inestables.

Así pues, esta socie­dad está domi­nada ante todo por desi­gual­dades de una inten­si­dad increíble. Coro­la­rio de la consta­ta­ción ante­rior, la socie­dad mun­dial se carac­te­riza igual­mente por la confis­ca­ción del poder polí­tico: a tra­vés de dic­ta­du­ras per­so­nales o de un grupo muy limi­tado; o por medio de una “dic­ta­dura” consti­tu­cio­nal, donde la liber­tad de expre­sión está en prin­ci­pio garan­ti­zada, pero donde una clase social mino­ri­ta­ria detenta el poder real, y donde unas dece­nas de per­so­nas (unos ele­gi­dos, otros no) diri­gen a mil­lones. Este sis­tema es deno­mi­nado, lo cual no deja de ser una ironía, “democracia”.

Obvia­mente, no se pue­den negar las múl­tiples e inter­esantes ven­ta­jas de este último sis­tema en com­pa­ra­ción con las dic­ta­du­ras “com­ple­tas”. Nin­guna rela­ti­vi­za­ción de las dife­ren­cias fun­da­men­tales que exis­ten debe deri­varse de este análisis.

Ten­ga­mos en cuenta tam­bién que es a veces difí­cil deci­dir si se debe consi­de­rar tal o cual régi­men como un sis­tema “semi-dictatorial, semi-democrático”, o sim­ple­mente como un régi­men dic­ta­to­rial. El actual régi­men de Vla­di­mir Putin es un buen ejem­plo del límite a menudo tenue entre lo que se llama erró­nea­mente “demo­cra­cia”, y lo que es deno­mi­nado con jus­ti­cia dic­ta­dura. En todo caso, es justo e indis­pen­sable luchar por la demo­cra­ti­za­ción de los sis­te­mas exis­tentes, y defen­der los ele­men­tos demo­crá­ti­cos, que han sido conquis­ta­dos mediante esas luchas.

La falta de demo­cra­cia no pro­viene de la natu­ra­leza de los “hombres con poder”, sino del hecho mismo de que exis­tan “hombres con poder” y, en conse­cuen­cia, hombres y mujeres sin poder, ejer­cién­dose el poder de los pri­me­ros sobre los segun­dos. La forma de ser de los “hombres de poder” tiene evi­den­te­mente un impacto real, pero las estruc­tu­ras exis­tentes son ya de por sí un obstá­culo para una ver­da­dera demo­cra­cia. El pri­mer obstá­culo es la misma exis­ten­cia de una divi­sión jerár­quica, de una sepa­ra­ción entre diri­gentes y diri­gi­dos, que es contra­ria a la demo­cra­cia. A conti­nua­ción, la natu­ra­leza de las ins­ti­tu­ciones, las cuales, a tra­vés de elec­ciones cada 4 o 5 años, entre­gan todo el poder a un grupo limi­tado, por un período de tiempo deter­mi­nado. Por último, la per­so­na­li­dad y el grado de auto­ri­ta­rismo de los indi­vi­duos que ejer­cen el poder tie­nen, obvia­mente, tam­bién su importancia.

La socie­dad está además gan­gre­nada por pre­jui­cios que divi­den aún más a los seres huma­nos. Es el caso del sexismo o tam­bién del racismo, que ins­tau­ran divi­siones o incluso odios arti­fi­ciales, construi­das social­mente por culpa de las orga­ni­za­ciones sociales desi­guales y alie­nantes que han exis­tido hasta ahora y que aún hoy existen.

Al contra­rio, todos los seres huma­nos podrían y deberían ser ciu­da­da­nos del mundo, pudiendo construir un futuro libe­rado de las fron­te­ras here­da­das de unos méto­dos de domi­na­ción que deben ser superados.

Del mismo modo, es posible sus­ti­tuir el sis­tema de poder, ejer­cido hoy por una minoría, por un poder social, una demo­cra­cia real: el poder del pro­pio pueblo.

A pesar de la can­ti­nela fata­lista según la cual toda mejora glo­bal sería impo­sible, exis­ten hoy ya com­ple­ta­mente las posi­bi­li­dades para una eman­ci­pa­ción gene­ral de los seres huma­nos del pla­neta, per­mi­tiendo que el lema revo­lu­cio­na­rio “Liber­tad — Igual­dad — Fra­ter­ni­dad” se convierta en una rea­li­dad mun­dial­mente vivida.

Por lo tanto, una pre­gunta se impone: ¿Cuáles son las pers­pec­ti­vas de eman­ci­pa­ción en el siglo XXI? Obvia­mente es impo­sible respon­der por com­pleto a esta cues­tión, dado el curso cam­biante de la His­to­ria. Se pue­den sin embargo apor­tar cier­tos ele­men­tos de respuesta.

Es impor­tante para eso hacer una consta­ta­ción: la heren­cia polí­tica del siglo XX decep­cionó nume­ro­sas espe­ran­zas del siglo XIX. Para mejo­rar la concien­cia sobre las posi­bli­dades futu­ras, es indis­pen­sable cono­cer y com­pren­der el pasado — y en conse­cuen­cia el presente.

Esta volun­tad de eman­ci­pa­ción no es en efecto nueva, y en par­ti­cu­lar en los siglos XIX y XX se buscó bajo el nombre de socia­lismo. En la actua­li­dad sucede que la pala­bra “socia­lismo” parece ya no signi­fi­car mucho, o incluso incluye lo contra­rio de lo que significa.

Según la defi­ni­ción de Karl Marx, el socia­lismo consiste en que “la anti­gua socie­dad bur­guesa, con sus clases y sus conflic­tos de clases, deja paso a una aso­cia­ción donde el libre desar­rollo de cada uno es la condi­ción del libre desar­rollo de todos.“[ii] Hay que reco­no­cer que la gran mayoría de los polí­ti­cos que nos hablan de socia­lismo no tie­nen abso­lu­ta­mente nada de eso en mente: la pala­bra socia­lismo sigue empleán­dose, pero los que se dicen “socia­lis­tas” nie­gan en su prác­tica esta sín­te­sis de Marx — ¡aunque a veces se pre­ten­dan “discí­pu­los” de Marx.

El tér­mino, así pues, dema­siado a menudo se inter­preta en rela­ción a las trai­ciones come­ti­das bajo la más­cara del “socia­lismo” (o del “comu­nismo”), y no en rela­ción al conte­nido real de estos concep­tos. Se trata de un hecho deplo­rable, pero que en efecto se pro­duce y en conse­cuen­cia debe ser tenido en cuenta.

En la heren­cia del siglo XX encon­tra­mos, en par­ti­cu­lar, la cues­tión de que el esta­tismo — que a veces se asi­miló de manera falsa al “socia­lismo” — mos­tró en la prác­tica su fra­caso, en par­ti­cu­lar en su forma leni­nista de capi­ta­lismo de Estado, y tam­bién en su forma “social­demó­crata” de ges­tión del capi­ta­lismo tra­di­cio­nal (capi­ta­lismo de mer­cado) — sin hablar de los regí­menes que se decían conser­va­dores abier­ta­mente. La refu­ta­ción histó­rica se añade así a la refu­ta­ción teó­rica, de por sí evi­dente; cite­mos por ejem­plo a Maxi­mi­lien Rubel: “No veo en el socia­lismo a una empresa de pla­ni­fi­ca­ción y nacio­na­li­za­ción ofi­ciales; es incluso lo contra­rio del socia­lismo.“[iii]

Así pues, es nece­sa­rio tomar nota de que en el movi­miento obrero del siglo XX apa­re­cie­ron ten­den­cias que se ins­pi­ra­ban en concep­ciones aje­nas al socia­lismo y al comu­nismo, y opues­tas a éstos. Estas cor­rientes aca­ba­ron tirán­dose pie­dras sobre su pro­pio tejado, o incluso luchando en rea­li­dad contra sus pro­pios inter­eses (véase el caso extremo del esta­li­nismo, ene­migo en su esen­cia misma del movi­miento obrero).

Por ejem­plo, el inter­na­cio­na­lismo, una de las bases indis­pen­sables del socia­lismo, a menudo se vació de su sen­tido real, que no es sino el obje­tivo concreto de un mundo sin patrias ni fronteras.

Por lo que se refiere a los méto­dos, las ilu­siones que tuvie­ron algu­nos “socia­lis­tas”, sobre los “golpes de manos” y las “minorías acti­vas”, per­te­ne­cen esen­cial­mente al pasado, incluso si siguen dejando secue­las des­gra­cia­da­mente en algu­nas cor­rientes que se rei­vin­di­can erró­nea­mente del socia­lismo. Las acciones de estas cor­rientes sólo hicie­ron y no hacen más que pro­bar, frente a sus prác­ti­cas, la vali­dez del prin­ci­pio según el cual “la eman­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­dores debe ser la obra de los pro­pios trabajadores”.

La trans­for­ma­ción socia­lista de la socie­dad no puede encon­trar “ata­jos”, y no tiene — en la socie­dad jerárquico-capitalista tal como es – otra alter­na­tiva que el recurso a un pro­ceso revo­lu­cio­na­rio de demo­cra­ti­za­ción y conquista de la igual­dad, pro­ceso que exige la inter­ven­ción consciente de la mayoría de la población.

Por último, la expe­rien­cia mos­tró el carác­ter emi­nen­te­mente nocivo de la lógica de apa­rato, que conduce a la buro­cra­ti­za­ción. Cuando las condi­ciones de exis­ten­cia de una per­sona depen­den del puesto que puede ocu­par (libe­rado per­ma­nente, cargo electo,…), es decir, cuando una posi­ción obte­nida por la polí­tica le garan­tiza sus condi­ciones de vida, entonces se vicia todo por ade­lan­tado — cua­les­quiera que sean por otra parte las cali­dades iniciales de los que lle­gan a estos pues­tos (aunque es cor­recto que “el poder atrae a los corruptibles”).

Es pues un deber revo­lu­cio­na­rio luchar contra las orga­ni­za­ciones jerár­qui­cas, contra las direc­ciones que deci­den en lugar de los mili­tantes, contra la exis­ten­cia de car­gos per­ma­nentes asa­la­ria­dos, contra todos los “jefes” que, si exis­ten, tien­den a sus­ti­tuir antes o des­pués al movi­miento real. Es un deber per­ma­nente eli­mi­nar toda ten­den­cia a la buro­cra­ti­za­ción, evi­tar que la acti­vi­dad polí­tica conl­leve pri­vi­le­gios, que las estruc­tu­ras (polí­ti­cas o sin­di­cales, en par­ti­cu­lar), crea­das inicial­mente para el interés común, se convier­tan en apa­ra­tos que luchan en pri­mer lugar y sobre todo, o incluso exclu­si­va­mente, por su pro­pia super­vi­ven­cia y desarrollo.

La demo­cra­cia debe respe­tarse lo más escru­pu­lo­sa­mente posible en las estruc­tu­ras de lucha, debe ser un obje­tivo per­ma­nente en el movi­miento eman­ci­pa­dor y, sobre todo, ser un obje­tivo para el conjunto de la socie­dad. La demo­cra­cia sigue siendo un proyecto futuro, puesto que “nunca hemos cono­cido nada que se ase­meje aún de lejos a una demo­cra­cia”.[iv]

No ceder al “ultra­cen­tra­lismo” es una nece­si­dad. Una cen­tra­li­za­ción de las infor­ma­ciones es indis­pen­sable, pero no es inevi­table una cen­tra­li­za­ción de las deci­siones. Las orga­ni­za­ciones que luchan por la eman­ci­pa­ción deben estar consti­tui­das por iguales, lo que implica un esfuerzo per­ma­nente de for­ma­ción, y una prác­tica de libre debate y ela­bo­ra­ción colec­tiva. Una gran flexi­bi­li­dad debe per­mi­tir adap­tarse a las dis­tin­tas cir­cuns­tan­cias y respe­tar las opi­niones diver­gentes, sin por ello renun­ciar a los prin­ci­pios fun­da­men­tales que deben guiar la acción global.

He aquí lo que escribía Karl Marx en 1864: “Consi­de­rando: que la eman­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­dores debe ser obra de los pro­pios tra­ba­ja­dores; que los esfuer­zos de los tra­ba­ja­dores para conquis­tar su eman­ci­pa­ción no deben ten­der a consti­tuir nue­vos pri­vi­le­gios, sino a esta­ble­cer para todos dere­chos y deberes iguales y a des­truir la sobe­ranía de toda clase“[v]. Es una base que puede aún ins­pi­rar las movi­li­za­ciones para la trans­for­ma­ción del mundo.

El movi­miento por la eman­ci­pa­ción debe tener en cuenta el conjunto de las exi­gen­cias eman­ci­pa­do­ras (en pri­mer lugar las demo­crá­ti­cas, anti­ca­pi­ta­lis­tas, anti­sexis­tas, liber­ta­rias, igua­li­ta­rias), debe ser un vasto rea­gru­pa­miento que tome concien­cia de su obje­tivo uni­ver­sal, de las exi­gen­cias que eso implica tanto en tér­mi­nos de obje­ti­vos como de medios. El obje­tivo es eli­mi­nar todas las vio­len­cias: sociales, econó­mi­cas y físi­cas — vio­len­cias que a menudo coinciden.

Un pro­ceso revo­lu­cio­na­rio demo­crá­tico y social a escala mun­dial es actual­mente indis­pen­sable para obte­ner la conquista de la demo­cra­cia real, y un cam­bio radi­cal de la orga­ni­za­ción econó­mica y social.

Este pro­ceso no puede alcan­zar sus obje­ti­vos si no se lleva a cabo como crea­ción  colec­tiva, donde espon­ta­nei­dad y concien­cia se com­ple­ten, donde teoría y lucha prác­tica for­men un conjunto cohe­rente que avance al unísono.

Los medios para lle­gar a una socie­dad libe­rada son, en efecto, los de un movi­miento social eman­ci­pa­dor mayo­ri­ta­rio que tome concien­cia de la natu­ra­leza de la socie­dad actual y de sus límites. Para rea­li­zar esta trans­for­ma­ción del mundo a veces es nece­sa­rio ir más allá de los pre­jui­cios y pre­con­cep­ciones de la ideo­logía domi­nante, que está fir­me­mente esta­ble­cida. La orga­ni­za­ción actual del mundo se hace pasar como evi­dente e insu­per­able, lo que es falso en los dos casos; pero eso contri­buye a que parez­can impo­sibles impor­tantes mejo­ras a tra­vés de una trans­for­ma­ción de las estruc­tu­ras mis­mas de la socie­dad. Ante esta pro­pa­ganda enca­mi­nada a per­pe­tuar el sis­tema actual, sus pri­vi­le­gios y sus desi­gual­dades, “es nece­sa­rio com­pren­der para actuar, y natu­ral­mente, actuar para com­pren­der“[vi]. La concien­cia per­mite refor­zar la acción, y es en la acción que la concien­cia puede desar­rol­larse plenamente.

Por lo que se refiere al cam­bio en el modo de pro­duc­ción, la abo­li­ción del capi­ta­lismo es un pro­ceso que deberá pasar, en par­ti­cu­lar, por la socia­li­za­ción, la apro­pia­ción colec­tiva (y no esta­tal) de los grandes medios de pro­duc­ción. Este final de la dic­ta­dura econó­mica, inhe­rente al capi­ta­lismo y a todo sis­tema econó­mico jerár­quico, es uno de los ele­men­tos fun­da­men­tales que per­mi­tirá lle­gar a la rea­li­za­ción efec­tiva de la democracia.

Una revo­lu­ción social eman­ci­pa­dora, que pudiera pro­du­cirse en el siglo XXI (o más tarde si las evo­lu­ciones y los acon­te­ci­mien­tos nos fue­ran des­fa­vo­rables), se cor­res­pon­dería con un largo pro­ceso de abo­li­ción de las rela­ciones de pro­duc­ción capi­ta­lis­tas: coac­ción labo­ral, fun­cio­na­miento jerár­quico, desi­gual­dades sociales.

Se trata obvia­mente de arre­me­ter contra el sis­tema, y no contra las per­so­nas. Los medios de trans­for­ma­ción social deben estar en per­ma­nente cohe­ren­cia con los obje­ti­vos bus­ca­dos. La fór­mula “el fin jus­ti­fica los medios” sólo sirve para camu­flar la trai­ción al obje­tivo final (sea esta trai­ción consciente o no): esta fór­mula debe pues recha­zarse y combatirse.

Para que salga ade­lante, un pro­ceso de demo­cra­ti­za­ción y autoe­man­ci­pa­ción de la socie­dad mun­dial deberá demos­trar sufi­ciente crea­ti­vi­dad e inven­ción colec­ti­vas para per­mi­tir la abo­li­ción del dinero, las mer­cancías, y las clases sociales.

La igual­dad, que no es en ningún caso la uni­for­mi­dad, impli­cará inevi­ta­ble­mente para la actual minoría pri­vi­le­giada una reduc­ción de su “tren de vida”, pero tam­bién y sobre todo el final de una posi­ción alie­nante (vol­vién­dose iguales, y ya no explo­ta­dores como en la actua­li­dad — y esto aunque sean pri­va­dos de la volun­tad de explo­tar). Salvo estas pocas excep­ciones, el movi­miento eman­ci­pa­dor debe adop­tar como regla per­ma­nente que todo cam­bio, toda modi­fi­ca­ción sea, para todos y para cada uno, al menos equi­va­lente, y por supuesto, si es posible, que mejore — y esto cua­les­quiera que sean las circunstancias.

Este resul­tado dejaría abierto un extenso campo de posi­bi­li­dades dife­rentes, teniendo como base una socie­dad mun­dial libre, igua­li­ta­ria y fraternal.

En efecto, esta super­a­ción de la era jerárquica-capitalista per­mi­tiría a dis­tin­tos tipos de socie­dades exis­tir y abrirse, siendo su base común que estu­vie­ran for­ma­das por indi­vi­duos eman­ci­pa­dos, libres e iguales.

Esta autoe­man­ci­pa­ción per­mi­tiría ir hacia la “paci­fi­ca­ción de la exis­ten­cia” de la que hablaba Her­bert Mar­cuse: “Paci­fi­ca­ción de la exis­ten­cia, quiere decir el desar­rollo de la lucha del hombre con el hombre y con la natu­ra­leza, bajo condi­ciones en que las nece­si­dades, los deseos y las aspi­ra­ciones com­pe­ti­ti­vas no estén ya orga­ni­za­dos por inter­eses crea­dos de domi­na­ción y esca­sez, en una orga­ni­za­ción que per­petúa las for­mas des­truc­ti­vas de esta lucha.”[vii]

La satis­fac­ción de las nece­si­dades ele­men­tales para todos es en efecto un obje­tivo deseable y rea­li­zable, pero que requiere trans­for­mar las estruc­tu­ras de la sociedad.

Las únicas utopías fal­sas están en creer:

  • bien que la orga­ni­za­ción actual de la socie­dad puede per­pe­tuarse eternamente;
  • bien que la satis­fac­ción de las nece­si­dades ele­men­tales es posible bajo el yugo capitalista;
  • bien que bas­taría con una acción de algu­nos (o diri­gida por algu­nos), o de un “buen” Gobierno, para lograr los obje­ti­vos de emancipación.

Estas utopías están muy exten­di­das, y se deri­van todas de los pre­su­pues­tos de la ideo­logía domi­nante, al igual que contri­buyen de hecho a man­te­ner la domi­na­ción de esta ideo­logía de la clase domi­nante.[viii]

Las pers­pec­ti­vas de eman­ci­pa­ción están condi­cio­na­das por el movi­miento real de lucha contra el orden esta­ble­cido. Ahora bien, las movi­li­za­ciones, el movi­miento eman­ci­pa­dor pre­sente en la socie­dad, es ya algo más que única­mente defen­sivo: se pue­den citar los ejem­plos del femi­nismo (recien­te­mente se conquistó el dere­cho a la inter­rup­ción volun­ta­ria del emba­razo en Por­tu­gal), o de la lucha contra la dis­cri­mi­na­ción homó­foba. Pero el camino que resta por recor­rer es inmenso: las dis­pa­ri­dades son escan­da­lo­sas según las regiones del mundo y los dis­tin­tos regí­menes exis­tentes, y las regre­siones se pro­du­cen regu­lar­mente. Frente a eso, la defensa de lo conse­guido debe acom­pañarse del obje­tivo cla­ra­mente indi­cado de ir hacia la igual­dad real, de dere­cho y de hecho.

Por ejem­plo, en las empre­sas mul­ti­na­cio­nales, los asa­la­ria­dos están ante la nece­si­dad de orga­ni­zar huel­gas y mani­fes­ta­ciones concer­ta­das en los dis­tin­tos países, acciones simultá­neas en todas las empre­sas y si es posible tam­bién en las sub­con­tra­tas. Es lo que hicie­ron los asa­la­ria­dos de Air­bus en marzo de 2007 en varios países euro­peos, para impe­dir un vasto plan de despidos.

El éxito, sin embargo, depende del recurso a medios de acción adap­ta­dos al marco de una cor­re­la­ción de fuer­zas difí­cil, como la huelga pror­ro­gable de los tra­ba­ja­dores (lo que des­gra­cia­da­mente no fue el caso en Air­bus). Sólo la construc­ción inter­na­cio­nal de una movi­li­za­ción deter­mi­nada, ple­na­mente lle­vada por los pro­pios tra­ba­ja­dores, puede impe­dir las regre­siones y rei­vin­di­car efi­caz­mente una armo­ni­za­ción por arriba de la situa­ción de los asa­la­ria­dos de los dis­tin­tos países en cuestión.

Los par­ti­da­rios de un socia­lismo autén­tico deben contri­buir per­ma­nen­te­mente a los movi­mien­tos de resis­ten­cia contra los retro­ce­sos, y de lucha por la eman­ci­pa­ción. La teoría socia­lista debe impe­ra­ti­va­mente desha­cerse de las fal­si­fi­ca­ciones, y de los ele­men­tos conser­va­dores o incluso reac­cio­na­rios que han sido consi­de­ra­dos falaz­mente “socia­lismo”. Ni a un par­tido, ni a una “van­guar­dia”, ni a cua­les­quiera jefes les cor­res­ponde diri­gir el movi­miento. “Es la pro­pia masa la que debe ser madura para hacer frente a todas las even­tua­li­dades polí­ti­cas, es ella quien debe deter­mi­nar por sí misma sus acciones y no espe­rar que en “el momento dado” el direc­tor de orquesta, desde lo alto, le de la señal[ix]. El lugar de los socia­lis­tas está en el movi­miento eman­ci­pa­dor, como parte invo­lu­crada, dando al igual que los demás sus opi­niones y apor­tando su contri­bu­ción sin “segun­das inten­ciones” ni “tácticas”.

Antes de este período de trans­for­ma­ción histó­rica, los socia­lis­tas deben reco­brar su fun­ción de crí­tica social, crí­tica de todas las opre­siones y de todas las desi­gual­dades, así como contri­buir al esfuerzo de com­pren­sión de las cau­sas estruc­tu­rales de los pro­ble­mas coti­dia­nos, al aná­li­sis de las luchas, y a la His­to­ria del movi­miento eman­ci­pa­dor en su diversidad.

Otra tarea de los socia­lis­tas consiste en dar a cono­cer y ana­li­zar los daños medioam­bien­tales cau­sa­dos por el desar­rollo del capi­ta­lismo, y pro­po­ner alter­na­ti­vas ecoló­gi­cas y dura­de­ras. Un ejem­plo entre otros es el de los trans­portes. En lugar de trans­portes indi­vi­duales cos­to­sos para el usua­rio y cos­to­sos en energía, así como conta­mi­nantes, sería más racio­nal desar­rol­lar ver­da­de­ros ser­vi­cios públi­cos de trans­porte gra­tui­tos y diver­sos (trenes, tranvías, metros, auto­buses con com­bus­tible no conta­mi­nante, bici­cle­tas…), comu­ni­cando amplia­mente los ter­ri­to­rios. Es una solu­ción social­mente justa, ecoló­gica, efi­caz, más agra­dable (per­mi­tiendo por ejem­plo evi­tar el ruido de los coches y los olores de los tubos de escape en las ciu­dades), y que per­mite evi­tar ter­ribles der­roches de energía.

Pero es nece­sa­rio tomar concien­cia de que esta solu­ción implica arre­me­ter contra las ins­ti­tu­ciones vin­cu­la­das al petró­leo y al automó­vil, que son dos fun­da­men­tos de pri­mer orden de la eco­nomía capi­ta­lista desde hace déca­das — lo que explica por qué se des­carta esta solución.

Esta contri­bu­ción de los socia­lis­tas a la fun­ción de crí­tica social debe hacerse en conjun­ción con el movi­miento de conjunto, debe ir diri­gida amplia­mente hacia el exte­rior — no se trata de satis­fa­cerse con debates “internos”.

El tra­bajo inte­lec­tual de crí­tica no puede conce­birse efi­caz­mente sino como com­ple­men­ta­rio, y sobre todo estre­cha­mente vin­cu­lado, con el tra­bajo dia­rio de crí­tica de la rea­li­dad, que se desar­rolla en las dis­tin­tas movi­li­za­ciones contra las conse­cuen­cias de la orga­ni­za­ción jerár­quica y capi­ta­lista de la sociedad.

Es encon­trando esta fun­ción crí­tica, y siendo ple­na­mente parte invo­lu­crada de un movi­miento mun­dial por la autoe­man­ci­pa­ción que es nece­sa­rio contri­buir a desar­rol­lar y uni­fi­car, que los socia­lis­tas revo­lu­cio­na­rios pue­den ser útiles a la lucha prác­tica, al movi­miento real cotidiano.

No es utó­pico decir que el siglo XXI puede ver el inicio de tal revo­lu­ción autoe­man­ci­pa­dora — que no puede ser sino mun­dial, o fracasar.

Uno de los pun­tos pri­mor­diales que debe pues ser prio­ri­ta­rio, es la nece­si­dad de sobre­pa­sar concre­ta­mente en las movi­li­za­ciones el marco de los Esta­dos, para contri­buir a la conexión efec­tiva entre las luchas en los dis­tin­tos países; confir­mar en la acción que se trata en rea­li­dad de una lucha común, que des­gra­cia­da­mente dema­siado a menudo se frac­ciona. Infor­mar de la situa­ción social y las luchas lle­va­das a cabo por todas partes en el mundo es indis­pen­sable para lle­gar a la coor­di­na­ción de la lucha de clases desar­rol­lada mundialmente.

Por último, debe­mos cono­cer la his­to­ria de las luchas, de los dis­tin­tos movi­mien­tos y cam­bios sociales, con el fin de no repe­tir los mis­mos errores, y de sacar conclu­siones de las expe­rien­cias del pasado. Uno de los ele­men­tos útiles para este fin consiste en que el movi­miento eman­ci­pa­dor debe cono­cer e inte­grar las contri­bu­ciones de las bases reales del socia­lismo, teniendo en cuenta y sacando conclu­siones de alre­de­dor de dos siglos de His­to­ria del mundo, para lle­gar a la eman­ci­pa­ción efec­tiva, a una comu­ni­dad humana mundial.

Para conse­guirlo, la única brú­jula válida es el espí­ritu crí­tico constante.


[i] La Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal del Tra­bajo (OIT) estima que anual­mente mue­ren 2.250.000 per­so­nas por cau­sas vin­cu­la­das al tra­bajo, según comu­ni­cado de 28 de Abril de 2004 (puede verse com­pleto en http://www.ilo.org/global/About_the_ILO/Media_and_public_information/Feature_stories/lang–es/WCMS_075345/index.htm)

[ii] Karl Marx, Mani­fiesto Comu­nista, 1848

[iii] Maxi­mi­lien Rubel, carta a Boris Sou­va­rine de 15 de Abril de 1960. Subrayado en el original

[iv] Simone Weil, Notas sobre la supre­sión gene­ral de los par­ti­dos políticos.

[v] Decla­ra­ción para la pre­sen­ta­ción de los Esta­tu­tos de la Aso­cia­ción Inter­na­cio­nal de los Tra­ba­ja­dores, 1864, texto redac­tado por K. Marx y luego adop­tado por el consejo gene­ral de la AIT.

[vi] Eugène Var­lin, Prac­tique mili­tante et écrits d´un ouvrier com­mu­nard, L´Harmattan, 2002.

[vii] Her­bert Mar­cuse, El Hombre Unidimensional.

[viii] “En todas las épocas, las ideas de la clase domi­nante son las ideas domi­nantes”, Karl Marx, La Ideo­logía Alemana

[ix] Rosa Luxem­burgo, ¿Des­gaste o Com­bate?, artí­culo apa­re­cido en Die Neue Zeit en 1910. Forma parte del texto Teoría y Prác­tica (polé­mica contra la teoría del cama­rada Kautsky sobre la huelga de masas).